domingo, 27 de mayo de 2007

Conflicto y Convivencia escolar

Para la realizción de este antes ha tomado la información de la siguiente dirección:
http://www.fuhem.es/portal/areas/paz/EDUCA/articulos/articulo2.htm

Conflictos escolares

El conflicto en la teoría pedagógica se ha entendido habitualmente como asunto al que habría que contraponer posturas, actitudes o valores. A lo largo de la historia de la educación el tema ha estado presente . El pensamiento liberal (Locke) en concordancia con la teoría del contrato social confía a la educación la tarea de superar los conflictos y de establecer una paz duradera entre las diferentes clases mediante el reconocimiento de valores comunes que marcan la vida cotidiana de los diferentes grupos humanos. Por su parte el materialismo histórico pone a la educación la tarea de hacer conciencia de que el conflicto es inevitable y que la única dirección es asumirlo para superarlo. En los debates actuales también se afirma que la educación tiene como tarea específica reducir el área de conflicto y promover nuevos contratos sociales en el que los diferentes sectores sociales negocien y se comprometan con arreglo a la consecución de "inéditos viables " o en nuestro caso de ciudades y países posibles.
Es notable como desde las diferentes disciplinas que alimentan la pedagogía los principales aportes apuntan a proyectar y experimentar formas de convivencia menos conflictivas, procurando soluciones acordadas y por sobre todo, menos violentas23.
¿Cuáles son los conflictos duros y de gran profundidad más comunes en el ámbito escolar? Habitualmente se plantean los que se generan en la relación pedagógica; se pueden considerar otros para los cuales tanto el maestro, como la escuela no poseen los recursos conceptuales, metodológicos y operativos para enfrentarlos.

El primer conflicto es el que hace mención a las diferentes cogniciones, formas de conocer, de construir conocimientos, de producir y legitimar saberes.
En las prácticas educativas los conocimientos tienen fuentes determinadas y sobrevaloradas: los textos y el educador. Desde la sede del saber a la sede de la ignorancia parten las verdades. La tarea de los alumnos es repetir, reproducirlas, manipularlas y memorizarlas. La búsqueda de conocimientos por parte de los alumnos está limitada. Las condiciones y caminos para acceder al conocimiento están prefijados y señalados por el educador. Esta posición frente a las formas de conocer niegan la construcción del sujeto y de su identidad, bloqueado el descubrimiento, la creatividad, el entender que las verdades y el conocimiento son históricos y perfectibles. Los alumnos no transitan por diferentes visiones y concepciones y no logran reconocerse como portadores de parte de la verdad, interaccionando son sedes de saberes y de ignorancias.
Toca entonces partir del reconocimiento de que cada sujeto se involucra en el proceso educativo con saberes diferentes, siendo las prácticas sociales fuentes de experiencias, de conocimiento y de formas de sistematizarlo y expresarlo. Estas construcciones cognitivas se producen , circulan y apropian en un contexto particular, extraescolar y mediante unas interacciones específicas e intencionadas.
El Conocimiento, su construcción, su apropiación, su expresión y aplicación se vuelve en mediador de la comunicación y el diálogo entre educadores y educandos. Los educandos en un proceso educativo que asuma la diversidad, tienen la oportunidad de hablar de sus propias experiencias, historias peculiares y diferentes dando cuenta de las diferentes cogniciones, formas de conocer, de construir conocimientos, de producir y legitimar saberes.

El segundo conflicto tiene que ver con los comportamientos principalmente aquellos que alteran la neutralidad de las interacciones quebrando los dispositivos de control desequilibrando las relaciones de fuerza y poder dentro del establecimiento educativo. Son los comportamientos que generan divergencias y convergencias no intervenidas.
Las relaciones de los educadores y educandos parecen estar determinadas por normativas condicionadas política, ideológica y culturalmente que llevan a establecer relaciones reglamentadas desde la dominación, la superioridad del uno sobre el otro. Este tipo de relaciones reprimen la diferencia y los factores de conflictividad y obstaculizan la construcción de sujetos capaces de estructurar identidades con competencias comunicativas propias que les permitan dirimir sus diferencias sin agresión.
Los procesos individuales y colectivos de estructuración de identidades individuales y grupales se expresan en formas verbales, en acciones, en agrupaciones, en manifestaciones estéticas, recreativas como : juegos, pintas, dibujos, graffittis, canciones y sobre todo en formas de hacer que reelaboran de una manera contestataria los referentes normativos que organizaban desde una intencionalidad definida las maneras de comportarse, relacionarse, acercarse, establecer contactos físicos y afectivos, hablar con otros y formar grupos

El tercer conflicto, quizás es el más duro, la caja negra de los anteriores, es el que se da a nivel de las representaciones, de los constructos simbólicos, de los imaginarios. Esta es la zona crítica desde donde pueden interpretarse las disonancias cognitivas y los conflictos relacionales o de comportamientos.
Es en el ámbito de lo representacional donde se generan los imaginarios de poder, la percepción de la interacción y de la alteridad, el sentido del acuerdo, de la negociación y de la seducción. La cultura en su diversidad y riqueza y la vida cotidiana son los referentes y contenidos existenciales y axiológicos que permiten, a los sujetos, construir o reelaborar sus representaciones.
Este mundo representacional se ve enriquecido, intervenido, integrado o amenazado en y por las relaciones pedagógicas. El conflicto se manifiesta en su intensidad máxima cuando el educador y el ambiente educativo no reconocen a los alumnos como sujetos en proceso de constitución, "como condensadores" de historicidad, de cultura, de representaciones. Esto es no entender a los alumnos y no entenderse como educadores como sujetos de un pasado y de un presente que brinda las múltiples posibilidades de comprenderse, sentirse, hacerse y expresarse27.
El conflicto en el fondo lleva a que las propuestas y proyectos educativos se pregunten por las representaciones que poseen los diferentes actores y si éstas les permiten alcanzar, o no, los niveles de convergencia necesarios para comunicarse, negociar e interactuar confiadamente.

Propuestas de convivencia y soluciones de conflicto

Pedagogías en y con el conflicto: Son las que parten del reconocimiento de que la escuela es una estructura social - cultural - política que se caracteríza por haber delimitado de una manera "homogénea" y "dura" sus diferentes componentes y las relaciones entre estos se dan.Reaccionan , entre otras cosas, a la identificación funcionalista que se hace del personal docente y administrativo con sus campos de intervención, sus roles y diferencias de poder en el espacio escolar. En el análisis que se hace se destaca cómo los diferentes códigos y lenguajes configuran un modelo de organización que tiene la facilidad de neutralizar o mantener los conflictos generados por: aprendizajes alternos, cambios contextuales, intereses e identidades diferenciados.Este tipo de reflexión pedagógica permite dar cuenta de una fuerte tradición que se mueve en un doble sentido conservar y trasmitir y, donde el cambio - cambio social -, no tiene lugar.Estas pedagogías ubican el conflicto al interior de la escuela, reconociendo y controlando su papel dialéctico como motor de cambios y expresión de contradicciones que requieren ser superadas17.

Pedagogías entre y bajo el conflicto: Encontramos dos tipos de propuestas educativas, aquellas que se expresan en propuestas educativas que reconocen y analizan el contexto de crisis en el que se ubican; distinguiéndose por el análisis de la cultura tradicional y porque acentúan el autodesarrollo del sujeto capaz de reaccionar y rechazar toda coacción violenta o autoritaria15.
Y aquellas propuestas educativas que, entre y bajo el conflicto, buscan pasar sin ser tocadas; aunque, reconocen los antagonismos y las confrontaciones la evaden, formando en la ceguera, en el abstencionismo, en el silencio cómplice. No ejercen ninguna influencia que permita una nueva configuración de la escuela frente al contexto, ni de los sujetos frente a su realidad

Pedagogías ante y contra el conflicto: Estas podrían llamarse: pedagogías de la paz14. Nunca se plantearon como proyectos educativos para formar en el conformismo, sino con la intención de fomentar procesos de aprendizaje en los cuales se examinaran las causas estructurales y sociales de la presencia de guerras y conflictos en los diferentes espacios de la vida cotidiana: familia, escuela, grupos juveniles, empresas.
Los aprendizajes logrados sobre la falta de paz permitían desarrollar estrategias para lograr superar las causas generadoras de las confrontaciones (violencia estructural)
Las pedagogías de la paz estudian con más atención la división del trabajo, la carencia de solidaridad y la solidaridad de las elites, la fragmentación del tejido social y de las redes de cooperación y los procesos de penetración cultural, alienación y enajenación como mecanismos generadores de violencia.
La pedagogía de la paz se construye sobre cuatro pilares básicos: el político, el económico, el ecológico y el ético, desde ellos se supone es posible desarrollar proyectos educativos que formen sujetos capaces de actuar en un contexto marcado por la crisis, la injusticia y la violación permanente a los derechos humanos. Es interesante ver como en estas propuestas se van afianzando y apropiando estrategias y técnicas que tienen que ver con: la lucha no-violenta, la no-violencia frente a las personas, la denuncia pública de la injusticia, la no cooperación, la desobediencia civil, la creación de redes e instituciones paralelas. (muchas de estas técnicas han sido usadas por grupos ecológicos y de derechos humanos en estos últimos 20 años)

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